El sociólogo y politólogo Atilio Borón afirma que existe un auge de lo religioso. El interés de las izquierdas por las últimas encíclicas constituye el síntoma definitivo, la señal más evidente sobre esta cuestión.
Por Atilio Borón*
Actualmente se puede confirmar que existe un auge de aquello que podemos llamar genéricamente lo religioso. El interés de las izquierdas por las últimas encíclicas constituye el síntoma definitivo, la señal más evidente sobre esta cuestión.
Algunos sectores de la izquierda comienzan a entender que estamos asistiendo a un cambio civilizatorio del cual desconocemos sus alcances, pero que ya busca ir progresivamente destruyendo todos los límites del marco civilizatorio en el que al menos Occidente encontraba las posibilidades de su existencia. El capitalismo en su nueva versión ya no soporta los límites democráticos ni ninguno de los principios de regulación mundial ni las estructuras normativas que proceden de la sociedad laica. El discurso capitalista no solo destruye los límites, sino que también pulveriza los lazos sociales donde el sujeto puede encontrar un lugar para sobrellevar su desamparo originario.
Ante esta situación, emerge el sentido religioso como aquello que es capaz de nombrar la verdad del desamparo, las fragilidades inherentes al ser humano, las posibilidades de la experiencia del amor y el hilo invisible que anuda a los sujetos con una comunidad. Ninguna de estas cuestiones fueron tratadas, al menos seriamente y con responsabilidad, por las izquierdas históricas, que se han demorado en la defensa de las víctimas sociales rechazando la angustia estructural de la existencia.
Tal vez esta sea una de las razones por las que las izquierdas y los movimientos nacionales y populares deban revisarse los modos propios de construir su discurso y cambiar radicalmente de sensibilidad. Esto no sucederá hasta que no se afronte aquello que la religión no deja de nombrar.
Las transformaciones de la técnica exigen, como diría Heidegger, interrogarse radicalmente por quiénes somos en el mundo que nos toca habitar. Pues la tecnología se propone llegar a transformar la raíz misma de lo que hemos llamado hasta ahora seres humanos. Por ello ahora es más importante que nunca recurrir a aquellas experiencias que en el ser hablante, sexuado y mortal no pueden ser apropiadas por ninguno de los dispositivos del capital, ¿o será únicamente la religión la que intentará transitar por este camino?.
Ante esta pregunta, conviene recordar que no solo pertenece a la religión experimentar que en la cruz donde se asesinó al hijo permanece un resto indómito, lo “no matable”.
*Texto extraído del Nesletter del autor. Publicado en Página 12
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Foto de portada: Curas villeros misa- Toto de Vedia-29/04/2025. EFE.
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8 julio, 2026