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 Por Redacción (*)

  • “El rol de los medios de comunicación como amplificadores, magnifica o atenúa la percepción social del riesgo  que puede tener la población, la opinión pública, la audiencia (…) La tarea de cubrir éticamente las emergencias y los desastres no resulta nada fácil. Si se habla de ellas, la gente se asusta; si se calla, la gente no se prepara. Y aunque las políticas públicas son fundamentales, la acción preventiva e informada de la ciudadanía resulta vital. Por lo tanto, la cobertura ideal es un asunto cíclico, con voces cuidadosamente balanceadas y con la puesta en evidencia de la responsabilidad colectiva”. Así señala la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
  • “La responsabilidad en el ejercicio de la función social de la prensa durante las emergencias no implica de ningún modo que él/ la periodista sea quien evalúe cómo llevar tranquilidad a los afectados, cómo prevenir efectos más serios, cómo evitar que se agrave el caos, cómo canalizar la ayuda solidaria, etc.  Por más que se haya perfeccionado en la cobertura de catástrofes, el /la periodista no es una persona experta en protección civil. Atento a las posibilidades y oportunidades que se le presenten de ser útil en esa coyuntura, siempre deberá consultar a los especialistas y a las fuentes directas que están trabajando en la empresa”.

Para Sibila Camps, la comunicación de riesgo, en esencia se trata  de una comunicación integral que involucra a todos los sectores y debe ser interactiva. Son sus objetivos:

  • Propiciar la participación de todos los sectores involucrados, dando consistencia y transparencia a la toma de decisiones e instrumentación de medidas de manejo del riesgo.
  • Promover el conocimiento y la comprensión de los riesgos conocidos y desconocidos, informando y sensibilizando de forma planificada al público sobre las necesidades de protección de la salud, respondiendo a sus inquietudes y tratando de disminuir la ansiedad.
  • Integrar a la población en el proceso de manejo del riesgo y ayudar a establecer confianza pública en las instituciones encargadas de tomar decisiones, aliviando el miedo, y la indignación generalizados. Esto permite hacer más eficiente y rápida la intervención o la respuesta de las autoridades.
  • Colaborar en el diseño de actividades de educación que desarrollen capacidades de la población para que se prepare, participe de la minimización y prevención del riego en los espacios de su vida cotidiana: la familia, la comunidad, el trabajo, etc..
  • Las coberturas de riesgos deben ser comprendidas y encaradas como un proceso, que tiene  inicio pero no un momento puntual de finalización. Esto implica una planificación a corto, mediano y largo plazo , junto con una correcta articulación de todos los sectores involucrados.
  • ¿Cuáles son las principales capacidades de los medios de comunicación y de los y las periodistas? Evita enfermedades, salva vidas, evita o reduce pérdidas materiales, evita o reduce pérdidas afectivas, reduce la angustia y el estrés, incrementa la resilencia; acelera la recuperación social y productiva.

La salud de las y los periodistas

Las situaciones de coberturas de emergencias, suelen plantear escenarios de peligros físicos y de exposición a contraer enfermedades.

Es importante, la percepción del riesgo, es decir la representación que se hacen las personas – tanto a nivel individual como colectivo, por parte de la comunidad- respecto de las amenazas que las acechan y sus vulnerabilidades para enfrentarlas. Un equipo periodístico no puede permitirse abordar su trabajo sin una percepción fina del riesgo ya que es crucial para identificar situaciones y circunstancias y poder prevenir situaciones no conocidas previamente.

Más allá de las recomendaciones generales  en las coberturas, en particular, nos referiremos acá a la recomendación sobre la salud mental de los y las periodistas, que muchas veces se ve relegada. “Puede ocurrir que el contacto directo y prolongado con el sufrimiento humano haga mella en su psiquis, y en el corto o en el mediano plazo, aún cuando ya haya terminado su cobertura, experimente algunas perturbaciones como pesadillas muy vívidas, y otros trastornos de sueño, una ligera depresión o pensamientos obsesivos vinculados con el desastre.  Es importante prestar atención si este estado se prolonga por más de veinte días o si resulta agobiante, recurra a un apoyo psicológico especializado.

En cuanto al uso de las redes sociales

El uso de las redes sociales como fuentes de información, son generalmente usadas por el medio para difundir posteos, comentarios fotos a través de las redes sociales por el público y el medio las empela para difundir su propia producción. En el primer caso, no suele haber filtros, lo cual es sumamente grave. S n selección previo o criterios éticos ni profesionales de selección, sin  haber chequeado la veracidad de la información, ni el lugar, fecha y hora exactas, se convierten en un gran peligro puesto que pueden:

  • Contribuir a generar pánico;
  • O por el contrario, bajar el nivel de alerta para minimizar riesgos;
  • Fomentar los mitos y , por lo tanto, alentar gastos y esfuerzos innecesarios, ya sea por lparte del estado o de la misma población.
  • Generar prejuicios
  • Hacerse eco- voluntaria o involuntariamente – de operaciones políticas o de campañas de desprestigio, y de ese modo perjudicar a uno o mas sectores de la producción o del comercio, o de la población.
  • Invadir la intimidad de las personas,
  • Y por supuesto, propagar información falsa, errónea, recortada, descontextualizada o desactualizada; esto incluye la posible difusión de videos y fotos trucadas.

*El libro Periodismo sobre desastres. Cómo cubrir desastres, emergencias y siniestros en medios de transporte, de Sibila Camps ( Eudeba) está en el Centro de Documentación del Cispren y se encuentra a disposición para lxs trabajadorxs de prensa que lo requieran.

Imagen de portada: www.elperiodico.com.es

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