En el Centro de Documentación “Juan Carlos Garat” del Cispren es en el único ámbito en donde se alberga la colección completa del diario Córdoba (1928-1985/ 1990/1991) y Tiempo de Córdoba (1977-1982). En mayo de este año se inició un plan de trabajo para el rescate del valioso patrimonio con un equipo interdisciplinario donde participan voluntarias y voluntarios en una experiencia de investigación y laboratorio sobre preservación en papel. El próximo miércoles 30 de noviembre, a las 19, se realizará una muestra del trabajo e inaugurará la sala del Córdoba. 

                       Por Myriam Mohaded (*)

Los  casi 60 años de la historia  escrita en el diario Córdoba narrada con crónicas de los sucesos de la realidad por sus periodistas, se albergan con la intención de resguardar el valioso patrimonio cultural en el Centro de Documentación del Cispren. El diario de edición vespertina apareció un 28 de octubre de 1928 y hasta el año 1985 salió con algunas interrupciones donde sus trabajadores lucharon por preservar la fuente de trabajo, pero finalmente en 1991 cerró definitivamente.  “Trabajar con el Córdoba para preservar el patrimonio de la memoria gráfica del periodismo, no sólo provincial sino nacional, fue nodal dentro de las actividades de este año. Desde la Secretaría de Cultura, y con un excelente equipo de trabajo, fuimos desarrollando los procesos necesarios para realizar una exposición de las actividades e inaugurar la sala del Córdoba, que es una contribución que hacemos como sindicato a la comunidad”, afirma Ximena Cabral, Secretaria de Cultura del Cispren.

Cabral recuerda que la colección fue donada por los propios trabajadores a esta casa, “con periodistas intelectuales como Pancho Colombo, Luis Reinuadi y César Arese que son parte entrañable de nuestra historia político-social y sindical. En este punto, ante las inmensas pérdidas que como Cispren nos atravesaron este año con la partida del Tío Ponsati y Luis Reinaudi, poder recuperar, proteger y materializar esta sala, permite en parte cuidar el legado que nuestros grandes referentes nos dejan y poder hacer presencia, en parte, esas ausencias que sopesan en como seguimos pensando, haciendo, organizándonos. Asimismo, implica continuar construyendo una concepción integral del trabajador de prensa y la comunicación donde no sólo nos atraviesan los debates paritarios, sino que implica también preguntarnos, recuperar y mostrar el hacer de los trabajadores, sus producciones, sus condiciones de trabajo y su lugar en la historia político social como actores de acción y construcción de discursos. De esta manera, también se puede reflexionar sobre las trayectorias de quienes nos preceden y los por venir, no desde la lógica empresarial de los medios sino desde ese hacer de los propios trabajadores. Desde ahí abrimos esta sala que gracias a los trabajadores del diario Córdoba, es un patrimonio de la comunidad toda”.

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Novedosa experiencia                                

El mes de mayo de este año marcó el inicio de un camino recorrido a partir de una capacitación sobre preservación y conservación en papel de diario.

El equipo de trabajo está coordinado por la bibliotecaria Cristina Fuentes, trabajadora del espacio, quien asesora y está a cargo de estas prácticas de aprendizaje asistidas.  Para Fuentes, la realización de esta actividad significa “empezar a pensar de modo más comprometido la recuperación del diario Córdoba como patrimonio cultural de nuestra provincia. Trabajar sobre la prevención y conservación de nuestros fondos documentales son un objetivo sobre el que queremos mancomunar esfuerzos para su mejor resguardo”.

El uso continuo de los materiales en el tiempo, por cierto, trajo aparejado un desgaste importante del diario, tanto en su aspecto físico externo e interno. Atentos a este tema, y a la preocupación por mantenerlo en las mejores condiciones para que el usuario encuentre el material en buen estado,  se propuso un plan de trabajo sobre el rescate de este importante patrimonio. “Si bien nuestro objetivo es digitalizar el diario, sostenemos que es de suma relevancia trabajar sobre su cuidado a los fines de  que se encuentre en las mejores condiciones para cuando llegue ese momento”, dice Fuentes.

La experiencia tuvo su matriz en un tema que siempre preocupó a la institución. La realización de una capacitación sobre restauración y preservación en un Taller de conservación preventiva, a cargo de Francisco Uribe,  especialista en el tema, motivó la puesta en marcha de la iniciativa. Dicha actividad se realizó en el Centro de Documentación en un esfuerzo conjunto dentro del marco del proyecto de Asistencia Técnica, Asesoramiento y Capacitación de Archivos de la Delegación Córdoba de la Secretaria de Derechos Humanos. “De lo que se trata es de anticiparse al deterioro de los materiales porque una vez que se produce un episodio se hace mucho más complejo rescatarlo, como por ejemplo hojas que estén dañadas por hongos, insectos, humedades, maltrato en su uso, etcétera. Por eso, lo que se trabaja es en torno a tomar medidas de prevención antes de que se produzcan hechos de mayor gravedad”, expresó Uribe.

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Compartir saberes

Luego de una convocatoria pública por los medios propios  de comunicación del Cispren (www.centrodocumentacion.com.ar y www.prensared.org.ar) la propuesta logró consolidarse y así desde el mes de mayo, por las tardes de los días miércoles y viernes se consolidó un grupo de personas voluntarias, interesadas en preservar y conservar el prestigioso vespertino Córdoba, que provienen de diversas disciplinas: archivología, bibliotecología, comunicación social, fotografía y cine.

El objetivo trazado en el plan de trabajo es acondicionar la década que va desde 1973 a 1983, en virtud de ser años muy solicitados por los usuarios del Centro de Documentación.

Mientras que algunas voluntarias equipadas con guantes y barbijos realizan con cuidado y minuciosamente el trabajo, pincelando los diarios para sacarles el polvillo, restaurando hojas rotas, acondicionando rótulos y etiquetas, hay otras que registran fílmicamente el proceso o quien fotografía. El  grupo, coordinado por la bibliotecaria de la institución, Cristina Fuentes, está conformado por Teresa Aldana,  Jesica Bechero, Lorena Vergara, Silvina Pereyra, Andrea Bargi, Alejandra Peralta, Gabriela Vergara, Caridad Romero, Melisa Cambra, Karem Rivero, Jackie Quinteros, Tui Guedes.

Para Silvina Pereyra, estudiante de la Escuela de Cine de la UNC, la labor con archivos es apasionante en tanto  tiene una doble importancia: por un lado, el trabajo con materia de archivo y, por otro, la potencialidad de la naturaleza del equipo de trabajo. “Es muy motivador la posibilidad de bucear en nuestra historia y trabajar para inmortalizar documentos que permiten conocer y conocernos como sociedad. Si bien el área profesional en la que me formé está ligada a lo audiovisual, esta experiencia me otorga un espacio donde puedo aprender saberes nuevos para complementar los propios, a partir de lo cual surgen innumerables y variadas ideas y proyectos. En este sentido, el trabajo en equipo es fundamental, no sólo desde el punto de vista de lo técnico o metodológico, sino también por la riqueza de la interacción con voluntades diferentes que se unen por intereses que poco tienen que ver con aspectos que a veces tiñen actividades con actitudes mercantilizantes o mezquinas bastante nocivas para nuestra cultura”.

A esto, Pereyra agrega: “No hay que olvidar además que los espacios de formación que son tan necesarios, escasean, en una disciplina que se abre y es aún incipiente y  cuando todavía no existe una verdadera conciencia de preservación ni se comprende a nivel masivo la importancia de conservar y resguardar nuestros archivos. El trabajo voluntario es para mí un espacio virtual en el que convivo con lo más humano del grupo. Por otro lado, lo colectivo y autogestivo nos enseña bastante sobre la importancia de ´tomar armas´ y no dejar de crear y producir ante cualquier adversidad – política o no- que se presente. Además, la multidisciplinariedad de un grupo tan heterogéneo facilita la apertura a otros conocimientos y el enriquecimiento del propio, este capital simbólico invaluable desde mi punto de vista”.

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Para Karem Rivera, acercarse a la propuesta tuvo que ver con búsquedas anteriores. En su caso realizó un curso de Braille, y allí se enteró de la convocatoria de la restauración del Córdoba. “Antes había realizado un taller de  encuadernación, con otra mirada, y empecé a presentar un trabajo de rescate de fotos y preservación y entonces lo asocié a esta propuesta que me pareció muy interesante por abrirla al público. Todo lo que es patrimonio cultural es importante y hay mucho por aprender”.

Por su parte, Teresa Aldana, quien trabaja como bibliotecaria en la Facultad de Ciencias Económicas de la U.N.C., reconoce que todos estos temas la atrapan. “Fui indagando para conocer más, para ver como en un futuro se pueden avanzar con materiales sobre los que, en mi trabajo, tengo por resolver, tales como los censos.  Muchas veces tenemos una serie de conocimientos teóricos que no los aplicamos, entonces ¿por qué no hacerlo aquí?”, quien reconoce que el carácter interdisciplinario de la propuesta la hace más enriquecedora.

Para Melisa Cambra, la experiencia que comenzó como una actividad para aprender más en el campo de la restauración se tradujo en un aprendizaje que fue más de lo esperado “ya que surgieron nuevos desafíos, pero principalmente lo que más me sorprendió y gustó fue el trabajo en equipo, con apertura y recibir conocimientos e información”.

Gabriela Vergara cursa el segundo año de Bibliotecología en la Unc y 3º de la carrera de  Encuadernación de la UPC, expresa que una de las razones en elegir sus especialización es saber que “en el patrimonio documental y bibliográfico de una comunidad radica la memoria viva de la misma que es vital  recuperar y conservar. El Cispren nos brinda la posibilidad de poner en práctica nuestros conocimientos, de compartir experiencias entre colegas, especialistas y entre quienes fueron y son actores activos en la creación del diario Córdoba, nos permite formarnos cada semana en métodos de conservación preventiva y en el uso responsable y crítico de este patrimonio, y sobre todo nos brinda herramientas necesarias para reforzar nuestra identidad y seguir concientizando sobre el valor de una construcción colectiva de la memoria local”.

En el Centro de Documentación,  mientras la actividad continúa como si se tratara de una obra de orfebrería sobre cada libro,  en la labor de preservación se cuida cada palabra, se restaura, y párrafos interrumpidos cobran nuevamente sentido para ponerlas a disposición del público lector.

Fotografía: Silvana Santillán Aleón