La investigadora Isabella Cosse, quien publicó  su libro Mafalda: historia política y social, editado por el  Fondo de Cultura Económica,  aborda en esta entrevista  los aspectos que hacen a  la perdurabilidad de la tira, cuando esta comenzó a nacionalizarse a partir de su incorporación en el mítico diario “Córdoba”, y traza algunas líneas reflexivas acerca de las lecturas que habilita la tira en torno a niñes, mujeres y feminismos de hoy.

Por Myriam Mohaded*

Hace algunos años, Isabelle Cosse llegó al Centro de Documentación del Cispren,  para trabajar algunos aspectos y configuraciones  de  una investigación que hacía tiempo llevaba adelante sobre la  obra de Quino en la tira de Mafalda . Ese ensayo se tradujo en  el libro Mafalda: Historia Social y Política de Mafalda de Fondo de la Cultura Económica y fue reeditado recientemente.

En la revista primera Plana, en 1964, se lanzó una tira de humor cuya protagonista era una niña rebelde, intelectualizada, de clase media, cuyo nombre era Mafalda.  Isabella Cosse propone una historia de los – ya más de cincuenta años de esta tira  cuya reconstrucción nos permite construir una ventana para la interpretación de los diversos hechos de la realidad que vivimos las y los argentinos. Isabella Cosse, es investigadora del Conicet,  de la Universidad Nacional de San Martín y de la Universidad de Buenos Aires.

–  Uno de los interrogantes que usted aborda en el libro  está vinculado a la necesidad de conocer cómo se explica el éxito y perdurabilidad de Mafalda. ¿Qué líneas pudo indagar al respecto?

El éxito de Mafalda me llevó a indagar en diferentes cuestiones. Lo primero, es que el humor requiere códigos compartidos y un papel activo de quien escucha o lee. Y el humor de Quino es especialmente abierto y exigente: el lector debe completar el sentido de las tiras. Eso facilita que cada generación pueda proyectar sus propios dilemas y se lo apropie a su manera.

Lo segundo, es que ese mecanismo ha sido facilitado por los temas invocados en las tiras. Muchos de los temas eran emergentes en los años sesenta (la rebelión de los jóvenes; los conflictos entre padres e hijos) pero aún hoy siguen marcando la vida cotidiana de nuestras sociedades; por otra parte la historieta trabaja sobre otra serie de problemas más o menos universales (la desigualdad, la guerra, la injusticia) y esto ha sido importante para que mantenga su vigencia.

Por último, son las acciones para difundir y dar nuevo sentido a la historieta. El propio Quino fue muy importante para eso. Pero, también estudié las empresas -editores, medios, curadores- que pusieron en circulación nuevos libros, versiones, exposiciones, así como sujetos –colectivos e individuales- que la leyeron y la resignificaron.

–  ¿Qué hechos  del contexto socio-político-culturales hicieron posible  el surgimiento de  Mafalda? 

Quise pensar Mafalda en la conexión misma de fenómenos socioeconómicos y fenómenos culturales y políticos. Intenté, a lo largo de todo el libro, de entrelazar esas claves.

Mafalda expresa, con sus personajes y sus argumentos, digamos rápidamente, las contradicciones que conmovían a buena parte de la clase media y de las clases trabajadoras en Argentina pero a escala global, también. En especial, pone en juego una mirada ácida de las promesas de la modernización que tantos actores promovían por entonces. El padre de Mafalda, de modo muy diferente a las imágenes de los glamorosos ejecutivos de la revista Primera Plana en donde la historieta comenzó a publicarse, tenía dificultades para llegar a fin de mes, tenía un trabajo rutinario y alienante, le costaba tener autoridad sobre sus hijos.

Pero, también, el surgimiento de Mafalda está conectado con la importancia del humor en el escenario político. Su centralidad para organizar antagonistas, forjar identidades, confrontar con el poder, especialmente, en contextos autoritarios. En este contexto, la historieta fue extremadamente original y ocupó un lugar vacante: expresó, como planteé, a las nuevas generaciones de jóvenes y de mujeres/chicas, que estaban, y estarían cada vez más, confrontando con el statu-quo.

Es necesario, también, mencionar al propio campo cultural y humorístico en el que Quino se forma y crea a Mafalda. Era un momento de enorme crecimiento y expansión del humor y de la creación artística, intelectual, periodística. Con revistas, escuelas y humoristas de enorme relevancia -como expresó la aparición, en 1958, había salido Tía Vicenta, una revista clave, con un humor negro, paródico, surrealista, en la que publicaban, Landrú (Juan Carlos Colombres) en la que participaban, entre otros, Oski (César Conti), César Bruto (Carlos Warnes), Copi (Carlos del Peral), Caloi (Carlos Loiseau) y el propio Quino.

   Mafalda empieza a ser una tira de carácter nacional, a partir de su incorporación al diario Córdoba. ¿Cómo se dio ese proceso? ¿Qué se aspiraba? ¿Qué representaba que la tira estuviera en la ciudad mediterránea?

Recordemos la importancia de Córdoba, no sólo en la larga duración, sino también en los años sesenta. Por entonces, la ciudad era un espacio urbano con un poderoso desarrollo industrial y una clase trabajadora en expansión y, también, contaba con una clase media consolidada y poseía una de las universidades más prestigiosas del país que atraía a numerosos estudiantes de toda la región cuya politización estaba en ascenso. De allí que la llegada de Mafalda al diario Córdoba, en 1966, ponía en diálogo a la historieta con nuevos públicos de la clase media y trabajadora. Y fue un hito de la creación del alcance nacional de la historieta. Eso sucedió, además, en un momento en el que la historieta estaba saliendo del cuadro, es decir, comenzaba a operar sobre la propia realidad política al convertirse en un ícono democrático en el contexto del golpe de Estado de Onganía.

El diario, que Cispren resguarda y pude allí consultar, tenía una cobertura completa de información nacional e internacional, numerosas notas sobre la escena cultural y sobre las costumbres y pautas familiares que nutrían la página dedicada a la mujer. Miguel Brascó colaboró en la difusión de la tira y la presentó a los lectores. Planteó que Quino, en sus palabras un “sociólogo que dibuja”, había creado una nueva forma de humor que interpelaba activamente al lector.

   ¿Qué tensiones da cuenta la tira de Mafalda?

Mafalda condensó dos tensiones que estaban conmoviendo a la sociedad argentina en los años sesenta: las confrontaciones de género y generacionales. Quino fue extremadamente sensible al haber unido ambas cuestiones en un personaje para lo que suprimió en la versión final un varón que había incluido en los primeros bocetos.

En términos de género, Mafalda –sobre todo al comienzo- tenía una connotación andrógina. Con caras enojadas y malas palabras que eran lo opuesto a la esperable dulzura femenina de una niñita pequeña. Y, en su conjunto, expresó, las confrontaciones con los mandatos femeninos de la madre y ama de casa y las nuevas aspiraciones de las chicas y mujeres jóvenes a la igualdad.

Ahora, en términos generacionales expresa a los jóvenes -como actores- y a la juventud -como categoría- cuya centralidad era cada vez mayor en términos culturales, socioeconómicos y políticos.

Umberto Eco en un prólogo a la edición italiana, que le abrió las puertas a Europa, en 1969, cuando eclosionaban las luchas obreras y estudiantiles a nivel global, decía que había que tomarse Mafalda con el respeto que merecía un personaje real, dado que los jóvenes (“nuestros hijos” en sus palabras) se preparaban para ser una multitud de Mafaldas.

¿Y, justamente, qué lecturas habilitó Mafalda acerca de las niñas y las mujeres?

Diferentes lectores y lectoras marcaron con sus propios dilemas, seguramente, sus visiones de Mafalda. Pero, no tengo dudas, que habilitó una confrontación con los mandatos instituidos, con aquella visión que supuestamente asociaba a la mujer con la madre y ama de casa, ocluyendo la importancia del trabajo femenino, siempre importante, especialmente, entre las clases populares y trabajadoras. Entonces, Mafalda expresaba a las chicas y mujeres jóvenes, que querían para sí realizarse de otro modo y reclamaban la igualdad con los varones. Muchas tiras muestran las disputas –de las jóvenes con sus madres- que se abrían con esas aspiraciones en el espacio público y privado.

   ¿Qué tiene que ver Mafalda con los feminismos de hoy?

Mafalda expresa, aún hoy, esa postura rebelde, los reclamos por la desigualdad, la confrontación con el statu-quo. Y, en ese sentido, la oposición entre Mafalda y su alterego, Susanita, la mujer doméstica, la niña que se proyecta en el casamiento, los hijitos y la figuración social, sigue teniendo sentidos actuales. Existen muchas mujeres que siendo niñas se autoidentificaban con Mafalda o los familiares la apodaban de ese modo porque eran rebeldes, contestatarias. Hoy es posible ver en muchas marchas feministas, la imagen de Mafalda. En especial, es una imagen en la que Mafalda tiene la boca en un grito abierto. Creo que es elegida porque da cuenta de la fuerza, de los reclamos, de los esfuerzos por hacerlos oír. Y, quizás, Mafalda puede expresar, también, los largos antecedentes del feminismo actual sin que esto signifique desconocer, retrospectivamente, el personaje expresase las contradicciones de un momento emergente de los reclamos feministas.

*Periodista

Imagen: Gentileza Isabelle Cosse.