La política de resguardo de archivos y material documental que se realiza desde el Centro de Documentación del Cispren se limita con el retaceo del material para archivo por parte de algunas empresas periodísticas. Desde el “ejemplar de obsequio” a los periplos para la donación de un número, es una realidad cotidiana que se viene dando en el tiempo y que atenta contra la construcción de una memoria colectiva en estos espacios.

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Por Myriam Mohaded (*)

Mezquinas las empresas periodísticas. Mezquina sus políticas. Mezquino su accionar. Miserable el modo de pensarse hasta en actos tan pequeños como la de brindar a una biblioteca un ejemplar, un solo número de su tiraje.

Hasta hace unos años las empresas periodísticas facilitaban con el sello de “ejemplar obsequio” el periódico del día para que después cada institución pusiera a disposición de las y los usuarios. El avance neoliberal fue naturalizando modos de esa mezquindad incluso a quienes hacen de voceros en dar la noticia de “no hay más ejemplares”, o  “hay órdenes de que para ustedes no hay”, o bien el lapidario “si queda algún ejemplar del día te lo damos, porque hay quienes como el gobierno o la Muni, que vienen a retirarlo y pagan”. Ergo, el sobrante, si lo querés, lo llevás.

Así las cosas, el brindar un diario es casi un acto paternalista, caritativo o de represalia, entre otras interpretaciones. Por cierto, no entran ni en consideración que la institución, la biblioteca, ponga sus recursos materiales y humanos a disposición de un público lector sin ahondar en las implicancias de que cuando se retacea la construcción de un archivo también se deteriora el modo de mirar el pasado, el de construir identidades, interpretar e interpelar la historia y la cultura. O por qué no, sacar a luz saberes y conocimientos perdidos, aportar sobre la diversidad, la tolerancia, favorecer el intercambio y el acceso a la información como un derecho de toda la ciudadanía.

Esto sin considerar además que la biblioteca presta un servicio que ni las mismas grandes empresas periodísticas lo hace con la sociedad cordobesa. Si bien es cierto que los soportes digitales hoy favorecen a la circulación de la información, sabemos, no es lo mismo.

Es así como de a poco nos fuimos quedando sin los “ejemplares de obsequio” de Clarín, La Voz del Interior, Día a Día y, ahora La Nación. Más allá que en el caso de los diarios locales, el Cispren haya decidido adquirirlos para consulta de los usuarios del Centro de Documentación.

Cabe destacar que esto no ocurre con los diarios Hoy Día Córdoba, Comercio y Justicia, Alfil, y hasta hace poco La Mañana de Córdoba, que las empresas entregar en calidad de “ejemplar de obsequio”.

La búsqueda de un edicto, el recuerdo de un tío que jugó en la primera de tal o cual equipo cordobés, los datos fundamentales sobre operativos en el terrorismo de Estado, los carnavales de San Vicente, el Cordobazo, el Viborazo, por sólo citar, son parte de los acervos que se mantienen a disposición de lectores y lectoras. Esos mismos que vienen con vehemencia, preocupación, curiosos, minuciosos, apasionados detrás de la búsqueda del dato y que, cuando lo encuentran, se sienten casi en la gloria, con la satisfacción del deber cumplido.

Córdoba no es precisamente un lugar que redunde en espacios para la consulta de materiales de lectura, investigación, servicios. ¿Cómo imaginarnos una ciudad sin archivos? ¿Qué memoria se va construyendo a partir  de informaciones retaceadas y mutiladas? Ojalá, como dice la canción, el temporal que trae la calamidad pase. Y si no pasa, que estemos atentos a involucrarnos para que los daños sean menores.

(*) Periodista.

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