“SOY UNA PERSONA TERRIBLEMENTE NORTEÑA, Y ESO SE PUEDE LEER ENTRELÍNEAS”

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                                                                                                                                                                                                                Por Myriam Mohaded (*)

La poeta y escritora catamarqueña presenta su libro “La cascarilla”, una compilación de una veintena de cuentos y relatos escritos en diversos períodos, donde da cuenta de distintas situaciones, instantáneas de una identidad regional del noroeste argentino. “La cascarilla”, a través de sus relatos intenta mostrar lo que está oculto detrás de lo expuesto, lo envolvente y lo que está detrás de las fronteras.

Celía Sarquís es poeta  y docente de música, quizá por eso es que busca siempre, con más ahínco, la sonoridad de las palabras. “Yo me formé en el grupo y taller Umbral, surgido en el primer año de la democracia, donde el intercambio con los otros me ayudó muchísimo para crecer, y despegarme de lo individual, apuntando a una literatura social y de compromiso.

De ahí, formé y conformé muchos grupos, cada uno con su propia historia, principalmente “La cueva”, que me soporta como coordinadora desde hace 13 años, y  “Los Innombrables”, más reciente, que aunó escritores de la nueva camada, a quienes me encanta leer y compartir”.

Sarquís este viernes 26, a las 20 y 30, compartirá su trabajo en la calle 9 de Julio 482 (Café del Alba). La presentación estará a cargo de la escritora Ivana Alochis y Silvia Nataloni.

– ¿Cómo surge este libro de narrativa?

Surge como un total desafío. Mi experiencia casi siempre fue con la poesía, donde me siento muy a gusto. Pero tenía cuentos y relatos, escritos en diversas épocas, a los que quería manipularlos, pulirlos y probarme en un género nuevo, como una forma de autoexigencia. Así fue que empecé a aunarlos, trabajarlos con mucha paciencia, mostrarlos y escuchar comentarios, dejarlos dormir por meses y volverlos a agarrar con un entusiasmo primerizo. Su gestación fue larga en tiempo y compleja en aprendizaje, pero a la vez, muy rica como experiencia.

No creo en la magia, no soy supersticiosa y no pretendo decir que una pueda utilizar la escritura de una novela para hacerle vudú a un enemigo. Pero sí creo en el misterio, esto es, creo que la vida es un misterio descomunal del que apenas rascamos la cascarilla, pese a nuestras ínfulas de grandes cerebros”, elige Sarquís esta frase de la escritora Rosa Montero para la introducción del libro.

“El libro tuvo muchos, muchos títulos tentativos. Ninguno llegaba a abarcar la totalidad de los textos, hilvanar la variedad de temas, estilos, las experimentaciones;  tal vez porque sentía que tampoco los textos lograban conformar una unidad. Cuando leí la frase de Rosa Montero, la cual utilizo como epígrafe, percibí que el leiv motiv de  las historias tenían que ver con esa doble realidad: lo que se percibe y lo que está oculto, y con el proceso de descascarar para aprehender esa realidad. Además, la palabra me encantó, su sonoridad, su frescura, su originalidad”.

–          “Dicen de mí”, “Estrellas amarillas” “De místicos y pragmáticos”, “La casa conspira”, “Solo para valientes”, son algunas de los cuentos que podemos encontrar sobre situaciones que tienen que ver con la idiosincrasia catamarqueña, ¿cómo se da la construcción de un relato de ficción a partir de este fuerte sesgo local?

Muchos de los disparadores fueron imágenes, acontecimientos, personajes y mitologías locales. De ahí me dejé llevar por las historias, e incluso por el juego del lenguaje, haciendo aportes desde lo rítmico, lo sonoro y demás recursos, sin preocuparme mucho por el sentido de pertenencia. Sin embargo, creo que soy una persona terriblemente norteña y eso se puede leer entrelíneas.

 – ¿Cómo ves la narrativa del noroeste argentino?

En general, me gusta la literatura del noroeste. Proyecta un hombre profundo, sensible con su entorno, filoso.  Conserva un cierto equilibrio entre forma y forma, continente y contenido. Pero hay que reconocer que dentro de la literatura norteña, la narrativa tiene un segundo puesto, que la poesía le sigue ganando por una cabeza.

–          Vos has trabajado con músicos y talleres de poesía  en torno a la construcción de un nuevo cancionero catamarqueño. ¿Qué rescatás de esa experiencia?

Creo que son pocos los artistas que pueden manejar dos o tres lenguajes artísticos, con igual intensidad y calidad. Por lo tanto, no es tan fácil ser compositor o cantautor. Lo alternativa es que un poeta y un músico puedan armonizar sus sentires y saberes para trabajar juntos.

La experiencia con estos talleres confirma que se puede romper muchos moldes repetitivos y anclados en viejas épocas de oro de la música folklórica, cuando uno tiene las herramientas para abrir el juego, concebir la palabra no sólo como un paquete que guarda un significado, sino con todo su potencial, y sobre todo, con sus connotaciones.

El aprendizaje en talleres o grupos literarios siempre es enriquecedor.

(*) Periodista

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