«Un día difícil», de Liliana Ferreyra, es el primer premio del Concurso «Sin presiones». La salud de lxs trabajadorxs, organizado por el Islyma.

Después de un largo y difícil día en el Hospital tome el colectivo equivocado solo porque
venía vacío. Vacío, oscuro y sucio, muy sucio.

Tenía que ir al cajero y me dejó lejos. Mientras camino, mi mano roza el pantalón y siento que algo me moja… Me desesperé, miro mi mano y la tenía roja con algo pegajoso, ese mugriento colectivo me ensució con algo que no alcanzaba a saber que era.

Llegué al cajero, había varias personas y me abalancé al expendedor de alcohol en gel.
Asco, miedo, angustia. “Calmate” me dije mientras seguía poniéndome alcohol. La gente  me miro de reojo y siguió en lo suyo.

Aunque ya no tenía nada en las manos ni en el pantalón, me sentía sucia, muy sucia. Como la ciudad que estaba ante mis ojos, con contenedores rebalsados de basura,  veredas con papeles tirados, todo en tono gris.

Jóvenes y no tanto que pasaban a mi lado sin sus barbijos, bares con mesas ocupadas con gente riendo, es como una tarde normal de hace un año atrás. Solo que no es normal, nada es normal y yo no me siento normal. Vino a mi mente las palabras del  Presidente “el sistema de salud se ha relajado… “

Y se sintió como una patada en el estómago.

No Sr. Presidente, el Sistema de Salud está colapsado y ya no tiene ganas. Ud. se confunde, los empresarios de salud se han relajado porque no quieren gastar. Parte de la sociedad y Uds. se han relajado creyendo que pateando la pelota la vamos pasando. Y no educan. Solo dividen. Y aprovechan.

Impotencia, incomodidad, calor, suciedad.

Mientras caminaba retumbaba en mi cabeza las palabras de mi psicólogo tratando de hacerme entender que mi trabajo vale mucho más de lo que me pagan.

Claro que vale más, enfrento lo que venga y tomo decisiones que nadie quiere tomar. Pero a la empresa le importa poco lo que haga mientras tape huecos. Soy buena en eso. La tapahueco.

“En Córdoba todo está bien…” me dice el Dr. Empresario dueño de la empresa de salud en que trabajo mientras deglute su comida especialmente preparada por su nutricionista.

Y yo le discuto. Y le planteo. Y él me discute. Y trato de que vea lo que estoy viendo ahora, pero soy ilusa, como va a ver algo con su auto de alta gama con vidrios polarizados.

Me cuenta con gran énfasis de su amiga escribana, que en el 2020 tuvo que abrirle una cuenta en la carnicería y almacén a su empleada doméstica porque no podía pagarle. “No tiene efectivo. Tiene patrimonio y más plata que yo pero no tiene efectivo vos podes creer…!!” me dice con énfasis como si yo fuera otro miembro de su exclusiva sociedad… Asco, impotencia y la sensación de ser una desubicada al creer que el Dr. Empresario algo puede entender.

Entender que debo tomar dos colectivos atestados de gente a pesar de lo peligroso que es, para llegar a mi trabajo a generar ganancias para él. Que no tengo ropa de trabajo porque se me esta rompiendo de tanto lavarla para sacarle cualquier virus que traiga y Ud. no quiere reponerla. Que debo repasar todas las medidas de bioseguridad constantemente porque de eso depende mi vida y la de los que me rodean, y a Ud. le parece una exageración ya que soy solo una administrativa.

Inocencia de creer que pueda comprender mi angustia porque a las 21 hs muy lejos de mi horario, llamaron a la “tapahueco” para avisarme que a una de nuestras pacientes le han detectado Covid positivo y nadie la quiere llevar a su casa. No tiene dinero, no tiene familia, no consigo ambulancia y permanece sentada llorando ante su triste realidad en un pasillo vacío y frío.

Dr. Empresario, Ud. es indolente y tiene una memoria muy frágil. Olvida fácilmente TODO lo que hacemos diariamente para que TODO funcione. Olvida que somos personas, que tenemos familia, que el miedo y la angustia nos invade, que esta pandemia nos marcó para siempre.

Tomé un taxi, cansada y desesperada por llegar, desnudarme y bañarme.

Solo me salvo de mi locura el taxista, un hombre cuarentón pelado, pero con unos pocos pelos largos graciosos recogidos que me dijo “¿viste que hermosa esta la luna?”

Sali de mis pensamientos y miré.

Una hermosa y brillante luna creciente me regalaba su luz. Y sonreí. Cuanto te agradezco hombre con peinado extraño… cuanto te agradezco ….

Fuente: http://www.islyma.org.ar